Hola compañeros y compañeras:
Después de leer “La aventura de ser maestro” de José Manuel Esteve me identifiqué con varias situaciones que el comenta.
Me sentí identificada con la ansiedad de las primeras clases. Sufrí al pensar que me fueran a preguntar algo que no dominaba o por no controlar la disciplina del grupo. Algo a mi favor era que yo acababa de salir de la preparatoria y todavía me acordaba de lo que no les gusta a los alumnos. Por ejemplo que los reprendan enfrente de todos, que los humillen o que se burlen y sobre todo que les griten. Así que, por principio, evité hacer cualquiera de esas cosas.
Estoy de acuerdo con el maestro Esteve, al enseñar no solo se abre la mente de los alumnos, el que enseña aprende y se establece una relación enriquecedora en ambos sentidos. Además debemos favorecer, dentro del aula, un ambiente con los elementos necesarios para que el alumno se conozca a sí mismo y reconozca el mundo actual con todos los riesgos que implica, rescatando el valor humano del conocimiento.
Estoy identificada con el papel de maestra. Me queda claro que los docentes estamos al servicio de los alumnos.
Por otro lado, el maestro, no solamente debe presentar de manera accesible los contenidos, debe, además, saber escuchar, preguntar y de modular la voz. Un docente con voz monótona aburre a los alumnos, los duerme.
Creo que las reglas claras desde el primer día de clases nos evitan muchos problemas, mis alumnos las ponen por escrito y las firman ellos y sus padres.
Por último, en este momento de mi vida profesional me desenvuelvo con naturalidad en el salón de clases, sin poses, ni aires de grandeza. Estoy verdaderamente interesada en que todos los jóvenes aprendan y por supuesto también estoy interesada en aprender.
Saludos desde Cd. Madero, Tam.
lunes, 8 de diciembre de 2008
Mi confrontación con la docencia
Buen día:
Mi profesión de origen es Médico Cirujano General. Cuando cursaba el segundo año de la carrera una maestra de la preparatoria donde estudié me comentó que hacía falta un maestro de biología, fui a hablar con el director y me dio el puesto. Un día antes de presentarme a dar mi primera clase le comenté a la maestra que me había recomendado que sentía pánico de enfrentarme a los muchachos y ella me dijo sencillamente “prepara tus clases y revisa las tareas que encargues, si planeas te evitarás problemas”. Con esta lección emprendí mi labor docente y fue en el nivel medio superior, con alumnos casi de mi edad. Oré antes de entrar al salón de clases, sentía que la voz me temblaba y quería salir corriendo. Al principio si hicieron algunos comentarios de mal gusto, pero los fui superando poco a poco. La primera semana fue la más difícil y estresante, después las cosas fueron mejorando. Al final me gané el afecto y respeto de la mayoría.
Hace 21 años ingresé al CBTis 103, de Cd. Madero, Tam. Y fue ahí donde empecé a escuchar terminología que nunca había manejado, por ejemplo: desarrollar los objetivos de acuerdo a la taxonomía de Bloom, el programa sintético y el desarrollado, el plan de clase en un formato especial y sobre todo la figura del pedagogo.
Al empezar a comprender los tecnicismos, me di cuenta de que, yo hacía muchas de las cosas que me pedían en el CBTis pero no sabía como se llamaban, unas las hacía por repetición, otras por sentido común y algunas por sugerencia de la escuela en la que trabajaba antes y los consejos de la maestra. De 1990-1992 cursé la maestría en educación.
Siempre me ha gustado dar clases, he apoyado en diferentes puestos administrativos pero definitivamente lo que más me gusta es estar frente a grupo. Actualmente me muevo como pez en el agua dentro del aula. Desde hace 8 años apoyo con “escuela para padres”, así, que me ha tocado ver las dos caras de la moneda. Los y las jóvenes son entusiastas, altruistas, generosos, etc. pero la gran mayoría carece de metas claras, de planes a corto y mediano plazo y de herramientas que les permitan defenderse y enfrentar las adversidades. Por todo esto docentes y padres debemos formar un frente común, el trabajo en equipo es el combustible que necesitamos para apoyarlos.
Me encuentro ex – alumnos por dondequiera que voy, sus hijos sus hijos ahora son mis alumnos. Ellos me saludan, saludan a mi familia y, algunas veces, les hacen algún comentario bueno sobre mí, creo que ese pequeño reconocimiento es más valioso que cualquier otro.
En el 2003 me operaron en el Instituto nacional de Cancerología, ubicado la ciudad de México, por un cáncer de mama. Cuando salí de la cirugía y estaba en la sala de recuperación, noté que un doctor era muy atento conmigo. ¡Era un ex – alumno!. Ya se imaginarán la emoción. Eso no lo compra master card.
Tengo 21 años de servicio en el CBTis, 25 de ser maestra, 48 de edad y se siguen quedando alumnos en el camino. Algunas veces ni siquiera los detectamos. En el CBTis, un alumno se mojó con gasolina y se prendió fuego frente a todos sus compañeros. Ninguno de sus maestros nos percatamos de lo que estaba viviendo ese joven. ¿Qué podemos hacer por esos muchachos?, ¿Cómo detectarlos a tiempo entre tanta algarabía? Insisto en que un factor muy importante, son los padres y madres de familia.
Para empezar, la tarea que tenemos por delante, como docentes, es motivar e interesar a las y los jóvenes, mirarlos como personas, con vidas complejas pero con un gran potencial si se les ofrecen ciertas condiciones en su comunidad escolar, involucrarlos de forma participativa en su aprendizaje y en la gestión de su entorno escolar; mantener informadas a las familias en los asuntos educativos y convocarlos para realizar tareas conjuntas a favor de los jóvenes.
Un saludo.
Mi profesión de origen es Médico Cirujano General. Cuando cursaba el segundo año de la carrera una maestra de la preparatoria donde estudié me comentó que hacía falta un maestro de biología, fui a hablar con el director y me dio el puesto. Un día antes de presentarme a dar mi primera clase le comenté a la maestra que me había recomendado que sentía pánico de enfrentarme a los muchachos y ella me dijo sencillamente “prepara tus clases y revisa las tareas que encargues, si planeas te evitarás problemas”. Con esta lección emprendí mi labor docente y fue en el nivel medio superior, con alumnos casi de mi edad. Oré antes de entrar al salón de clases, sentía que la voz me temblaba y quería salir corriendo. Al principio si hicieron algunos comentarios de mal gusto, pero los fui superando poco a poco. La primera semana fue la más difícil y estresante, después las cosas fueron mejorando. Al final me gané el afecto y respeto de la mayoría.
Hace 21 años ingresé al CBTis 103, de Cd. Madero, Tam. Y fue ahí donde empecé a escuchar terminología que nunca había manejado, por ejemplo: desarrollar los objetivos de acuerdo a la taxonomía de Bloom, el programa sintético y el desarrollado, el plan de clase en un formato especial y sobre todo la figura del pedagogo.
Al empezar a comprender los tecnicismos, me di cuenta de que, yo hacía muchas de las cosas que me pedían en el CBTis pero no sabía como se llamaban, unas las hacía por repetición, otras por sentido común y algunas por sugerencia de la escuela en la que trabajaba antes y los consejos de la maestra. De 1990-1992 cursé la maestría en educación.
Siempre me ha gustado dar clases, he apoyado en diferentes puestos administrativos pero definitivamente lo que más me gusta es estar frente a grupo. Actualmente me muevo como pez en el agua dentro del aula. Desde hace 8 años apoyo con “escuela para padres”, así, que me ha tocado ver las dos caras de la moneda. Los y las jóvenes son entusiastas, altruistas, generosos, etc. pero la gran mayoría carece de metas claras, de planes a corto y mediano plazo y de herramientas que les permitan defenderse y enfrentar las adversidades. Por todo esto docentes y padres debemos formar un frente común, el trabajo en equipo es el combustible que necesitamos para apoyarlos.
Me encuentro ex – alumnos por dondequiera que voy, sus hijos sus hijos ahora son mis alumnos. Ellos me saludan, saludan a mi familia y, algunas veces, les hacen algún comentario bueno sobre mí, creo que ese pequeño reconocimiento es más valioso que cualquier otro.
En el 2003 me operaron en el Instituto nacional de Cancerología, ubicado la ciudad de México, por un cáncer de mama. Cuando salí de la cirugía y estaba en la sala de recuperación, noté que un doctor era muy atento conmigo. ¡Era un ex – alumno!. Ya se imaginarán la emoción. Eso no lo compra master card.
Tengo 21 años de servicio en el CBTis, 25 de ser maestra, 48 de edad y se siguen quedando alumnos en el camino. Algunas veces ni siquiera los detectamos. En el CBTis, un alumno se mojó con gasolina y se prendió fuego frente a todos sus compañeros. Ninguno de sus maestros nos percatamos de lo que estaba viviendo ese joven. ¿Qué podemos hacer por esos muchachos?, ¿Cómo detectarlos a tiempo entre tanta algarabía? Insisto en que un factor muy importante, son los padres y madres de familia.
Para empezar, la tarea que tenemos por delante, como docentes, es motivar e interesar a las y los jóvenes, mirarlos como personas, con vidas complejas pero con un gran potencial si se les ofrecen ciertas condiciones en su comunidad escolar, involucrarlos de forma participativa en su aprendizaje y en la gestión de su entorno escolar; mantener informadas a las familias en los asuntos educativos y convocarlos para realizar tareas conjuntas a favor de los jóvenes.
Un saludo.
Los saberes de mis estudiantes
Para iniciar este espacio les comento lo siguiente:
La gran mayoría de los y las jóvenes de bachillerato utilizan internet, en primer lugar, como fuente de entretenimiento, para relacionarse y crear vínculos con sus amigos y compañeros, sobre todo con los más cercanos, para mantenerse informado sobre su vida social cotidiana y en segundo lugar como fuente de conocimientos. Lo utilizan para chatear, visitar facebook, youtube, checar su correo personal, consultar páginas de deportes, crear redes, visitar páginas erótico-pornográficas, bajar música, videos, además de bajar información para sus tareas y trabajos de investigación, fotografías y microfotografías que no se pueden reproducir en el laboratorio escolar.
Nuestras aulas han sufrido una transformación, quizá sin que nos hayamos dado cuenta y aunque no contemos con todos los recursos, ya que en los alumnos está presente la tecnología. Ahora nos corresponde a los docentes adecuarnos a estos cambios. Los profesores que estamos utilizando internet como una herramienta para lograr objetivos de aprendizaje, lo estamos haciendo de manera tradicional, como si fuera una enciclopedia.
Una de las primeras cosas que tenemos que hacer es convencernos, nosotros los docentes, de las bondades del uso del internet para propiciar un aprendizaje significativo. Debe quedar claro que al utilizar la tecnología no le restamos importancia a la lectura y a la escritura, se complementan. Los esquemas, los dibujos, los colores, la interacción con otros son herramientas fundamentales como fuentes de conocimiento. El siguiente paso, es producir materiales para subirlos a la red, crear espacios dinámicos e interesantes a los que puedan acceder fácilmente.
Para dar los primeros pasos lo que ellos proponen es: que solicitemos algunas tareas por correo electrónico, con direcciones de páginas y guía de trabajo.
Ellos se encargarán de capacitar a sus compañeros ya que empezaremos trabajando en equipos de 2 o 3 estudiantes.
Los saludo con afecto
La gran mayoría de los y las jóvenes de bachillerato utilizan internet, en primer lugar, como fuente de entretenimiento, para relacionarse y crear vínculos con sus amigos y compañeros, sobre todo con los más cercanos, para mantenerse informado sobre su vida social cotidiana y en segundo lugar como fuente de conocimientos. Lo utilizan para chatear, visitar facebook, youtube, checar su correo personal, consultar páginas de deportes, crear redes, visitar páginas erótico-pornográficas, bajar música, videos, además de bajar información para sus tareas y trabajos de investigación, fotografías y microfotografías que no se pueden reproducir en el laboratorio escolar.
Nuestras aulas han sufrido una transformación, quizá sin que nos hayamos dado cuenta y aunque no contemos con todos los recursos, ya que en los alumnos está presente la tecnología. Ahora nos corresponde a los docentes adecuarnos a estos cambios. Los profesores que estamos utilizando internet como una herramienta para lograr objetivos de aprendizaje, lo estamos haciendo de manera tradicional, como si fuera una enciclopedia.
Una de las primeras cosas que tenemos que hacer es convencernos, nosotros los docentes, de las bondades del uso del internet para propiciar un aprendizaje significativo. Debe quedar claro que al utilizar la tecnología no le restamos importancia a la lectura y a la escritura, se complementan. Los esquemas, los dibujos, los colores, la interacción con otros son herramientas fundamentales como fuentes de conocimiento. El siguiente paso, es producir materiales para subirlos a la red, crear espacios dinámicos e interesantes a los que puedan acceder fácilmente.
Para dar los primeros pasos lo que ellos proponen es: que solicitemos algunas tareas por correo electrónico, con direcciones de páginas y guía de trabajo.
Ellos se encargarán de capacitar a sus compañeros ya que empezaremos trabajando en equipos de 2 o 3 estudiantes.
Los saludo con afecto
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